Racismo moderno: cuando el prejuicio aprende a disimularse

Psicología social · Divulgación

Racismo moderno: cuando el prejuicio aprende a disimularse

Una guía para reconocer las formas sutiles del prejuicio, revisar nuestras propias actitudes y analizar críticamente el discurso público.

Cuando pensamos en una persona racista, solemos imaginar a alguien que defiende abiertamente la superioridad de un grupo, utiliza insultos o propone separar a las personas según su origen étnico. Sin embargo, el racismo no siempre se presenta de una forma tan evidente.

A medida que las expresiones racistas más explícitas han perdido aceptación social, el prejuicio puede adoptar formas más indirectas, justificadas mediante argumentos aparentemente neutrales sobre el mérito, el esfuerzo, la seguridad, la cultura o la igualdad. La psicología social denomina racismo moderno a una parte de estas nuevas manifestaciones.

Del racismo tradicional al racismo moderno

El racismo tradicional se manifiesta de forma directa: atribuye inferioridad a determinados grupos, defiende la segregación o expresa abiertamente rechazo y hostilidad.

El racismo moderno suele ser más sutil. La persona puede defender sinceramente que «todo el mundo debe ser tratado igual» y, al mismo tiempo:

  • Negar que siga existiendo discriminación.
  • Considerar exageradas las denuncias de racismo.
  • Atribuir las desigualdades exclusivamente a la falta de esfuerzo.
  • Interpretar las medidas de igualdad como privilegios injustos.
  • Sentir incomodidad, desconfianza o distancia hacia determinados grupos.
  • Aplicar criterios diferentes según el origen de la persona afectada.

McConahay explicó esta forma de prejuicio como una combinación de sentimientos negativos hacia ciertos grupos y la defensa rígida de valores como el individualismo, la autosuficiencia o la meritocracia. De este modo, el rechazo ya no se expresa necesariamente diciendo que un grupo es inferior, sino afirmando que «no se esfuerza», «pide demasiado» o «recibe más ayudas que los demás».

Pettigrew y Meertens distinguieron igualmente entre el prejuicio manifiesto —directo, intenso y fácilmente reconocible— y el prejuicio sutil, más frío, distante e indirecto.

Estereotipo, prejuicio, discriminación y racismo

Aunque están relacionados, estos conceptos no significan exactamente lo mismo:

Un estereotipo es una creencia generalizada sobre las personas que pertenecen a un grupo: «son conflictivas», «no quieren integrarse» o «son mejores para determinados trabajos».

Un prejuicio es una valoración o predisposición emocional, generalmente negativa, hacia alguien por su pertenencia a ese grupo.

La discriminación aparece cuando esas creencias o emociones influyen en el comportamiento: rechazar una candidatura, negar el alquiler de una vivienda, vigilar especialmente a una persona en un comercio o tratarla con mayor desconfianza.

El racismo comprende ideas, actitudes, prácticas y estructuras sociales que clasifican a las personas según características racializadas y producen o mantienen desigualdades.

Una persona puede rechazar conscientemente el racismo y, sin embargo, conservar estereotipos aprendidos o actuar de manera discriminatoria en situaciones ambiguas. Por eso, para analizar el racismo no basta con preguntar si alguien se considera racista: también es necesario observar sus argumentos, decisiones y criterios de valoración.

«No soy racista, pero…»

Una de las características del racismo moderno es que rara vez se reconoce como racismo. La persona interpreta sus opiniones como conclusiones objetivas, razonables o basadas en el sentido común.

Algunas expresiones frecuentes son:

«Yo no tengo nada contra ellos, pero no se integran».

«Ya tienen los mismos derechos; no sé de qué se quejan».

«Las ayudas deberían darse por necesidad, pero siempre se las dan a los mismos».

«No es racismo: son estadísticas».

«Si trabajaran y se esforzaran como los demás, no estarían en esa situación».

«Hablar tanto de racismo solo sirve para crear división».

Estas frases no son automáticamente racistas en cualquier contexto. Para valorarlas hay que examinar las pruebas aportadas, la existencia de generalizaciones, el tratamiento que se da a cada grupo y la coherencia de los criterios utilizados.

La señal de alerta aparece cuando se atribuyen características negativas a toda una población, se ignoran sistemáticamente las condiciones sociales o se exigen pruebas mucho más rigurosas para reconocer la discriminación que para aceptar acusaciones contra una minoría.

El espejismo de una meritocracia perfecta

El principio de que las personas deben ser valoradas por su esfuerzo y capacidad es legítimo. El problema comienza cuando se supone que todas parten de las mismas condiciones.

Aplicar exactamente la misma regla a personas que afrontan obstáculos diferentes no garantiza necesariamente una igualdad real de oportunidades. Una selección de personal puede parecer neutral y, sin embargo, perjudicar sistemáticamente a determinados candidatos si intervienen estereotipos asociados a su nombre, acento, lugar de nacimiento o apariencia.

El racismo moderno utiliza con frecuencia el lenguaje de la meritocracia para interpretar cualquier desigualdad como resultado de decisiones individuales. De este modo, desaparecen del análisis la discriminación laboral, las diferencias educativas, la segregación residencial, las dificultades administrativas o la transmisión histórica de la desigualdad.

La creencia en la «discriminación inversa»

Otra manifestación habitual consiste en presentar cualquier medida destinada a corregir una desigualdad como una agresión contra el grupo mayoritario.

Una política concreta puede ser ineficaz, desproporcionada o estar mal diseñada, y es legítimo examinarla críticamente. Pero rechazar de manera automática todas las medidas de igualdad, mientras se niega la existencia de la desigualdad que intentan corregir, puede reflejar una actitud de racismo moderno.

La pregunta relevante no es únicamente «¿esta medida trata de forma diferente a las personas?», sino también:

¿Qué desigualdad pretende corregir? ¿Existen datos que la justifiquen? ¿La medida es proporcional? ¿Aplicamos el mismo nivel de exigencia cuando la intervención beneficia al grupo mayoritario?

Racismo sin odio

No es necesario sentir odio para actuar de manera racista. El prejuicio también puede expresarse mediante incomodidad, sospecha, indiferencia o ausencia de emociones positivas.

Una investigación realizada con 712 adolescentes de la provincia de Almería encontró relaciones entre el racismo moderno y emociones negativas sutiles, como la incomodidad y la desconfianza. También observó que la ausencia de emociones positivas hacia los grupos estudiados contribuía a predecir el prejuicio.

Esto ayuda a comprender por qué una persona puede mantener un trato formalmente correcto y, sin embargo, evitar la cercanía, interpretar ambiguamente las acciones de una minoría o apoyar decisiones que la perjudican.

¿Cómo podemos revisar nuestros propios prejuicios?

Reconocer que podemos haber aprendido estereotipos no equivale a declararnos culpables ni a aceptar que todas nuestras decisiones sean racistas. Significa admitir que vivimos en una sociedad que transmite determinadas imágenes, asociaciones y categorías.

Una actitud crítica implica:

  • Evitar generalizaciones a partir de casos individuales.
  • Comprobar la calidad y el contexto de las estadísticas.
  • Escuchar las experiencias de quienes sufren discriminación.
  • Aplicar criterios equivalentes a todos los grupos.
  • Diferenciar una crítica razonada de una atribución colectiva.
  • Revisar las decisiones propias, no solamente las intenciones.
  • Estar dispuesto a rectificar.

No basta con afirmar «yo trato a todo el mundo igual». También debemos preguntarnos si interpretamos del mismo modo las conductas de todas las personas y si concedemos la misma credibilidad, confianza y presunción de buena fe.

Autoevaluación didáctica

Cuestionario orientativo sobre racismo moderno

Este cuestionario está inspirado en las dimensiones estudiadas por las escalas de racismo moderno y prejuicio sutil, pero sus enunciados son de elaboración propia.

Importante: No es una prueba psicológica validada y no permite diagnosticar ni clasificar definitivamente a una persona como racista.

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1 Totalmente en desacuerdo 2 En desacuerdo 3 Neutral 4 De acuerdo 5 Totalmente de acuerdo
Respondidas: 0/16
1 En España, la discriminación racial es actualmente excepcional y recibe más atención de la que merece.
2 Una misma conducta puede ser juzgada de manera diferente dependiendo del origen étnico de quien la realiza.
3 Las medidas destinadas a corregir desigualdades raciales suelen conceder ventajas injustas a las minorías.
4 Cuando un grupo denuncia repetidamente discriminación, conviene estudiar las pruebas antes de concluir que está exagerando.
5 Las diferencias económicas entre grupos étnicos se explican principalmente por el esfuerzo y las decisiones personales.
6 Aplicar las mismas reglas a todo el mundo no siempre garantiza las mismas oportunidades cuando las condiciones de partida son diferentes.
7 Es razonable desconfiar más de las personas de determinados orígenes porque su cultura o las estadísticas justifican esa precaución.
8 Me sentiría igualmente cómodo teniendo como vecino, médico, responsable laboral o miembro de mi familia a una persona de cualquier origen étnico.
9 Hablar frecuentemente sobre el racismo genera más división social que el propio racismo.
10 Los chistes basados en estereotipos raciales pueden reforzar prejuicios, aunque no exista intención de ofender.
11 Cuando alguien afirma haber sufrido discriminación, mi primera reacción suele ser pensar que está utilizando el racismo como excusa.
12 Procuro exigir el mismo nivel de pruebas antes de generalizar positiva o negativamente sobre cualquier grupo.
13 La protección de nuestra cultura puede justificar que se limiten costumbres minoritarias, aunque no provoquen un daño concreto.
14 Una persona puede defender sinceramente la igualdad y seguir actuando con prejuicios en determinadas situaciones.
15 Cuando una persona perteneciente a una minoría obtiene un puesto importante, es probable que las instituciones hayan reducido las exigencias para favorecer la diversidad.
16 Estoy dispuesto a revisar mis opiniones cuando alguien me explica una experiencia de discriminación que yo no había percibido.

Caso práctico: el discurso del alcalde de Cartaya sobre la inmigración

El racismo moderno no aparece únicamente en conversaciones privadas. También puede manifestarse en el discurso político cuando un representante público generaliza conductas delictivas, atribuye problemas sociales a un colectivo o utiliza casos individuales para generar miedo hacia todo un grupo.

Un ejemplo cercano puede encontrarse en varias intervenciones públicas de Manuel Barroso Valdés, alcalde de Cartaya por el Partido Popular.

Generalización de la delincuencia

En junio de 2025, después de que el propietario de un establecimiento fuera apuñalado durante un intento de robo, el alcalde publicó un vídeo en el que vinculó el suceso con la inmigración irregular.

Barroso afirmó que las personas que habían entrado irregularmente se estaban dedicando «solo a delinquir» y sostuvo que el 80 % de los delitos cometidos en Cartaya correspondía a personas en situación irregular. También responsabilizó a este colectivo de ocupar viviendas, dormir en espacios públicos y saturar los servicios sanitarios y educativos.

No consta que el alcalde aportara públicamente una estadística oficial que respaldara ese porcentaje. La subdelegada del Gobierno en Huelva calificó sus afirmaciones de carentes de rigor y señaló que la relación establecida entre inmigración y delincuencia no estaba avalada por la estadística criminal disponible.

Desde una perspectiva psicosocial, esta forma de argumentar presenta varios problemas:

  • Convierte un delito individual en una característica atribuida a un colectivo.
  • Confunde la situación administrativa con la propensión a delinquir.
  • Presenta una cifra extraordinariamente elevada sin proporcionar una fuente verificable.
  • Utiliza expresiones absolutas como que determinadas personas vienen únicamente a delinquir o a hacer daño.
  • Refuerza la asociación mental entre inmigración, peligro e inseguridad.

Presentación de las personas migrantes como una amenaza

El alcalde afirmó también que los padres tenían miedo de dejar a sus hijos en la calle porque la inmigración irregular «no para de hacer daño». Este tipo de formulación no describe únicamente un problema de seguridad concreto, sino que extiende la sospecha y la peligrosidad a una categoría completa de personas.

Posteriormente, Barroso diferenció entre una inmigración regular que consideraba necesaria y otra irregular que describió como una fuente de conflictos. Llegó a sostener que las circunstancias personales de quienes carecen de empleo o documentación los llevan a realizar actos de supervivencia que pueden enfrentarlos con la legalidad.

Distinguir jurídicamente entre residencia regular e irregular es legítimo. Sin embargo, la situación administrativa de una persona no determina su peligrosidad ni permite atribuirle una conducta delictiva. Cuando esa distinción se utiliza para clasificar a unos inmigrantes como aceptables y a otros como potencialmente peligrosos, puede contribuir a la estigmatización social.

Exhibición de armas vinculadas a la inmigración

Días después, el alcalde difundió otro vídeo en el que mostró cuchillos, destornilladores, barras de hierro y otros objetos que, según explicó, habían sido intervenidos a personas migrantes en situación irregular. También exhibió un cuchillo durante un pleno municipal televisado mientras relacionaba el arma con un inmigrante acusado de amenazar a menores.

La exhibición de objetos potencialmente peligrosos junto a un discurso sobre inmigración posee una fuerte carga simbólica: no se limita a informar sobre delitos concretos, sino que construye visualmente la imagen del inmigrante como amenaza.

Izquierda Unida denunció los hechos ante la Fiscalía y acusó al alcalde de desarrollar una escalada de violencia verbal contra la población migrante. CCOO consideró que sus intervenciones recurrían al sensacionalismo, la estigmatización y el miedo, y señaló que los datos generales del Instituto Nacional de Estadística no respaldaban la criminalización colectiva de las personas africanas.

¿Qué resolvió la Fiscalía?

La Fiscalía de Huelva abrió diligencias para determinar si las declaraciones podían constituir un delito de incitación al odio, pero terminó archivándolas al considerar que no alcanzaban el nivel de gravedad y reiteración exigido penalmente.

El fiscal describió, no obstante, las expresiones como «profundamente desafortunadas», especialmente por la relevancia pública y social de quien las pronunciaba. También reconoció que las declaraciones parecían confundir dos fenómenos distintos: la inmigración irregular y la delincuencia.

Este matiz es fundamental: el archivo de una denuncia penal no acredita que unas declaraciones sean rigurosas, responsables o libres de prejuicios. Significa únicamente que, según la Fiscalía, no reunían todos los requisitos necesarios para ser castigadas como delito de odio conforme al Código Penal.

El racismo, la xenofobia y la estigmatización social son fenómenos mucho más amplios que el delito de odio. Una conducta puede ser socialmente discriminatoria, reforzar estereotipos o deteriorar la convivencia sin alcanzar el umbral exigido para imponer una sanción penal.

¿Por qué este caso resulta útil para comprender el racismo moderno?

Las intervenciones del alcalde de Cartaya permiten identificar varios mecanismos habituales del prejuicio contemporáneo:

Generalización: se parte de uno o varios sucesos delictivos para atribuir peligrosidad a un colectivo amplio.

Homogeneización: las personas en situación administrativa irregular son presentadas como si compartieran los mismos comportamientos e intenciones.

Causalidad simplificada: problemas complejos de seguridad, vivienda, pobreza o exclusión se explican mediante la presencia de inmigrantes.

Uso selectivo de los datos: se difunden cifras contundentes sin indicar claramente su procedencia o metodología.

Apelación al miedo: se introduce la idea de que las familias y los menores se encuentran amenazados por un grupo determinado.

Negación de la xenofobia: se rechaza la etiqueta de xenófobo mientras se mantienen generalizaciones que asocian inmigración irregular, delincuencia y amenaza social.

División entre inmigrantes “buenos” y “malos”: se acepta a quienes trabajan, producen o se ajustan al comportamiento esperado y se presenta al resto como una carga o un peligro.

Estas características no permiten realizar un diagnóstico psicológico sobre la personalidad de Manuel Barroso. Sí permiten analizar críticamente un discurso público documentado que reproduce mecanismos de estigmatización compatibles con el racismo moderno y la xenofobia.

Autoevaluación didáctica

Preguntas para reflexionar sobre el caso

Valora las siguientes afirmaciones después de leer el caso práctico sobre el discurso público y la inmigración.

Importante: La puntuación sirve para revisar la aceptación de generalizaciones y argumentos estigmatizantes; no diagnostica a la persona que responde.

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1 Totalmente en desacuerdo 2 En desacuerdo 3 Neutral 4 De acuerdo 5 Totalmente de acuerdo
Respondidas: 0/8
1 Es legítimo atribuir a un colectivo entero las conductas cometidas por algunos de sus miembros.
2 Un representante público debería comprobar y publicar la fuente de una estadística antes de utilizarla para relacionar inmigración y delincuencia.
3 Mostrar armas mientras se habla de inmigración puede aumentar injustificadamente el miedo hacia las personas migrantes.
4 Negar que una declaración sea xenófoba demuestra por sí solo que no contiene prejuicios.
5 La situación administrativa irregular de una persona permite suponer que tiene una mayor propensión a delinquir.
6 Una declaración puede reforzar el racismo o la xenofobia aunque no constituya legalmente un delito de odio.
7 Cuando una persona española comete un delito solemos responsabilizarla individualmente, pero cuando lo comete una persona extranjera tendemos con mayor facilidad a hablar de su origen.
8 Los responsables políticos tienen una obligación especial de evitar generalizaciones que puedan enfrentar a distintos grupos de población.

Bibliografía y fuentes consultadas

Bibliografía académica

Dovidio, J. F., y Gaertner, S. L. (2004). Aversive racism. En M. P. Zanna (Ed.), Advances in Experimental Social Psychology (vol. 36, pp. 1-51). Academic Press.

García, M. C., Navas, M. S., Cuadrado, I., y Molero, F. (2003). Inmigración y prejuicio: actitudes de una muestra de adolescentes almerienses. Acción Psicológica, 2(2), 137-147. El estudio empleó una muestra de 712 adolescentes y una adaptación de la Escala de Racismo Moderno.

Gaviria, E., Cuadrado, I., y López-Sáez, M. (2019). Introducción a la psicología social (3.ª ed.). Sanz y Torres–Universidad Nacional de Educación a Distancia.

Holmes, J. D. (2009). Transparency of self-report racial attitude scales. Basic and Applied Social Psychology, 31(2), 95-101. DOI: 10.1080/01973530902876884.

McConahay, J. B. (1986). Modern racism, ambivalence, and the Modern Racism Scale. En J. F. Dovidio y S. L. Gaertner (Eds.), Prejudice, discrimination, and racism (pp. 91-125). Academic Press.

McConahay, J. B., Hardee, B. B., y Batts, V. (1981). Has racism declined in America? It depends upon who is asking and what is asked. Journal of Conflict Resolution, 25(4), 563-579. DOI: 10.1177/002200278102500401.

Morrison, T. G., y Kiss, M. (2017). Modern Racism Scale. En V. Zeigler-Hill y T. K. Shackelford (Eds.), Encyclopedia of Personality and Individual Differences. Springer. DOI: 10.1007/978-3-319-28099-8_1251-1.

Pettigrew, T. F., y Meertens, R. W. (1995). Subtle and blatant prejudice in Western Europe. European Journal of Social Psychology, 25, 57-75. DOI: 10.1002/ejsp.2420250106.

Fuentes documentales sobre el caso de Cartaya

Ayuntamiento de Cartaya. (s. f.). Gobierno municipal. Fuente institucional utilizada para identificar la composición del Gobierno local y la Alcaldía-Presidencia. Consultada el 14 de julio de 2026.

Cadena SER. (20 de junio de 2025). Mensaje xenófobo del alcalde de Cartaya contra la inmigración irregular: «Ocupan viviendas, duermen en polígonos y saturan la sanidad y la educación».

Europa Press. (11 de julio de 2025). Fiscalía archiva las diligencias contra el alcalde de Cartaya por posible delito de odio. La información recoge las declaraciones del alcalde, las denuncias presentadas, la respuesta de la Subdelegación del Gobierno y el posterior archivo de las diligencias.

Público. (9 de julio de 2025; actualizado el 10 de julio de 2025). El fiscal no ve odio sino «palabras desafortunadas» en un alcalde del PP que asoció armas y migración. El medio reproduce parte del decreto de archivo y explica la valoración realizada por la Fiscalía sobre las declaraciones.

Fuentes jurídicas

España. Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal. Artículo 510, relativo al fomento, promoción o incitación pública al odio, la hostilidad, la discriminación o la violencia contra determinados grupos o personas. Texto consolidado del Boletín Oficial del Estado.

Fiscalía General del Estado. (2019). Circular 7/2019, de 14 de mayo, sobre pautas para interpretar los delitos de odio tipificados en el artículo 510 del Código Penal.

Material divulgativo de referencia

Kibbutz Psicología. (11 de julio de 2022). Racismo moderno. Síntesis divulgativa basada principalmente en el modelo de McConahay y en el estudio español de García, Navas, Cuadrado y Molero.


Nota metodológica

Las fuentes periodísticas se utilizan para documentar las declaraciones públicas, las reacciones institucionales, las denuncias presentadas y la decisión de la Fiscalía. No sustituyen a las fuentes académicas empleadas para explicar los conceptos psicológicos de racismo moderno, prejuicio sutil, estereotipo y discriminación.

La inclusión del caso de Cartaya tiene una finalidad educativa y de análisis crítico del discurso público. Se examinan expresiones y actuaciones documentadas, pero no se realiza un diagnóstico psicológico de la persona mencionada ni se afirma que haya cometido un delito. La Fiscalía archivó las diligencias al considerar que las expresiones analizadas no alcanzaban los requisitos necesarios para constituir un delito de incitación al odio, aunque las calificó como profundamente desafortunadas atendiendo también a la relevancia pública del autor.

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